A veces me da miedo escribir

26.9.17 | 8 comentarios

Después de leer a Rafa sobre sus terrores como escritor de fantasía, me dieron muchas ganas de comentarle mi experiencia lidiando con las dudas y el terrible síndrome del impostor del que también he sido víctima. A medida que le escribía, sentía que tenía que explayarme un poquito más y heme aquí para hablarte de mis propios terrores de escritora.

Todo empezó aquí…

Por alguna razón, a pesar de sentir ese gusto en crear historias, veía lo de escribir la mía propia como muy ajeno. Con todas las maravillas que hay por ahí fuera, ¿a dónde me creía que iba yo?

Me acuerdo de empezar a escribir muchas ideas, quizá porque la inquietud de no hacerlo me vencía, pero luego llegaba ese momento de realidad donde las abandonaba. Se me pasaba un poco la tontería y ya podía seguir con mi vida normal.

Sobre los dieciséis años (o por ahí) me dio muy fuerte con el universo de Resident Evil (los zombis me encantan, yo qué sé) y recuerdo leer unas novelas que sacaron basadas en los videojuegos. Inspirada de alguna forma, me senté frente al Word (yep, a Scrivener lo conocí más tarde, menos mal) y comencé a teclear.

Ni planificación ni hostias. Todo lo que me salía lo iba escupiendo. La historia no iba de zombis, más bien de unas criaturas sobrenaturales que se parecían sospechosamente a los vampiros (también me dio fuerte por los vampiros por esa época).

Fue una de las pocas veces en las que avancé bastante en una historia y es de los pocos textos que incluso leyeron en mi familia. Y, claro, lo que pasa es que tu madre se pone a contarle con mucho orgullo a los conocidos que su hija está escribiendo un libro y es como si te pusieran una pistola en la cabeza.

Aparece la presión de «¿y si esta historia es una mierda y soy un fraude?». Que, bueno, ya te digo que era una mierda, pero no adelantemos acontecimientos.

En esa época conocí a una profesora que era maravillosa a la vez que terrible. Fue un shock porque me enseñó que no sabía escribir.

Yo, que disfrutaba escribiendo, que me decían que redactaba bien, ahora resulta que no sabía escribir. Pero no es que esa señora fuera una maldita (aunque me las hizo pasar canutas porque no había ser viviente en esa clase que consiguiera aprobar sus redacciones), es que tenía razón. Y no sé si lo hizo de la mejor forma, pero un día (cuando ya conseguía aprobar sus malditas redacciones) me senté frente a mi ordenador, abrí aquella historia de seres sobrenaturales y dije: «pero… pero… ¡TODO MAL!».

Al final, iba a resultar que todo el mundo pensaba que escribía super guay y en verdad era un fraude. Y aunque corregí, terminé dejando la historia sin acabar. Demasiadas expectativas para una historia que me parecía mediocre tirando a caca.

Volví a las andadas. Escribía a veces, pero nunca terminaba nada, porque ¿para qué?

Y entonces llegó el año 2013...

La razón más tonta por la que empecé a escribir

En el año 2013 pasó algo. Me enganché a una serie, pero en plan que era parte del fandom a lo bestia.

El problema fue que la serie era canadiense, así que los fans que hablábamos español lo teníamos un poco difícil para poder participar con el resto de la comunidad o para enterarnos de las novedades.

No sé si sabes que una de las terribles cosas de seguir una serie es esperar a que se estrene la siguiente temporada. Hay actividades que puedes hacer mientras tanto y una de mis favoritas era leer fanfictions, y adivina, estaban todos en inglés.

No quiero aburrirte con detalles, pero al final fui yo la que empezó uno. Total, como eso se iba a quedar entre los fans… Con suerte, alguien se animaría también y tendría algo que leer en español.

El caso es que el hecho de recibir comentarios, conocer a personas que les gustaba la historia, etc. comenzó a construir un compromiso por mi parte a seguir actualizando y escribiendo.

Sabía que no estaba escribiendo nada importante, pero se sentía genial. Estaba escribiendo lo que quería, sin importarme nada más, sin ataduras y por pura diversión. Y por fin estaba descubriendo lo que para mí era la escritura.

Las letras se empezaron a amontonar. La gente que hablaba de mi fanfic, también. En vez de asustarme (como otras veces), me empeñé en mejorar y aprender. Ahora tenía un compromiso con los lectores y me sentaba fatal el pensar en dejar la historia.

Y así descubrí este mundo. Decidí tomarme la escritura más en serio, porque cuanto más escribía y aprendía, más me gustaba.

De tanto leer los blogs maravillosos de otros autores, decidí abrir este (lo cuento aquí, así que no ahondo en detalles).

Y ahora sí que se puso la cosa seria. OMG escritores de verdad a mi alrededor…

Pero también conocí a otros escritores que tenían mis mismos miedos, dudas e inexperiencia. Y, quizá lo más importante, conocí a otras escritoras (sí, chicas, escritoras) que me enseñaron que hay que quererse como un señor (lean este artículo de Cris Melgosa, es genial).

¿Y sabes qué pasó con el fanfic ese?

Pues me llevó tres años de luchas internas, pero 224.880 palabras más tarde, lo terminé. Eso lo cambió todo.

Por fin acabé algo

Quizá fue lo primero que salieron de mis dedos y que terminé. No fue poca cosa, porque estamos hablando de un chorro de palabras.

Estos días estuve leyendo ese fanfic. Me llevé las manos a la cabeza de las atrocidades que escribí, pero me di cuenta de lo mucho que he aprendido escribiendo esas mierdas. De hecho, en los últimos capítulos se nota mejoría. De algo sirvió escribir mierda, al parecer.

Y no preguntes, no voy a decir dónde hallar ese fanfic. Si quieres leer algo decente, te dejo este relato de terror que es muy mono y perturbador.

Pero bueno, creo que descubrí la clave: escribir, lo que sea, y escribir hasta terminarlo.

No recomendaría meterse de lleno con una historia tan larga. Ahora le diría a mi yo del pasado que empezara escribiendo relatos. Son mucho más fáciles y aquí, en La Maldición del Escritor, explican muy bien cómo hacerlos.

Escribir y terminar cosas motiva más de lo que puedes imaginar, aunque sean pura basura. Luego, de esa basura pueden salir cosas interesantes:

  1. De aquella media novela de seres sobrenaturales nació un cuento de terror inspirado en uno de los sucesos que estaban investigando en esa historia: Érase un hotel, una familia y la muerte. Espero que esté listo pronto.
  2. De una de esas ideas sin terminar nació mi proyecto de NaNoWriMo 2015 (que todavía no sé cómo titular je je) y es una historia de fantasía urbana con detectives y asesinatos macabros. Necesita una reescritura pero ahí está.
  3. De aquel fanfic nació un universo de fantasía urbana de donde saldrán algunas historias. Una de ellas será mi primera novela: Cómo matar a Ray. También por aquí encontrarás algo de info.

Ahora veo esas 224.880 palabras malamente escritas y pienso que si fui capaz de terminarlo, podré acabar otra cosa. Claro que, a pesar de ello, muchas veces me encuentro pensando en que lo que estoy escribiendo no sirve ni para adornar una pared, que no tengo el nivel suficiente, que esto no se me da nada bien…

Pero encontré un compromiso para escribir

Tú no conoces a Aislyn Ives, pero estaba enamorada de Lucía. El padre de Lucía no apoyaba esa relación, no las quería juntas.

Cualquier otro escritor hubiese elegido que el motivo fuera porque era un homófobo, pero qué pereza. Tanto worldbuilding de las narices, tanta mitología y magia para luego contar la misma historia de siempre.

No, el padre de Lucía no las quería juntas porque Aislyn era una mala estudiante y se juntaba con gente chunga. Al padre de Lucía le importaba tres pepinos que Lucía tuviese novias en vez de novios.

Es más, Aislyn no es la lesbiana de la historia, es LA PROTAGONISTA y su orientación sexual da igual porque bastante tiene con saber que no es humana.

¿Y Ray Williams? Nunca se percató de que le atraían también las mujeres hasta que conoció a Karim, pero le da bastante igual porque hay demonios espantosos correteando por su vecindario.

¿Y quién carajos va a escribir sobre esas mujeres, quién escribirá esas historias si no soy yo?

Los terrores que me atormentan van a tener que aguantarse un rato porque esas historias (y muchas más) tienen que ser contadas. Y alguien las tendrá que escribir.

Seguiré pensando, de vez en cuando, que de mis manos solo sale mierda. Recordaré ese fanfic terminado y lo que me ayudó a mejorar el escribirlo. Y seguiré escribiendo.

Así que escribe, escribe mierda, muchísima mierda. De la mierda sale el abono.

Y tú, ¿también tienes miedo?

Photo by Becca Tapert on Unsplash

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8 comentarios

  1. Lo complicado, no es escribir. Lo verdaderamente difícil es encontrar quién comparta tu forma de relatar una historia... Un fuerte abrazo.

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    1. Es cierto que existen muchas complejidades externas a la escritura. Gracias por pasarte, Jose ^^

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  2. Muy, muy bueno. Y genial esa frase final: "De la mierda sale el abono". Pues me voy a abonar campos literarios :) Biquiños!

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    1. Pues espero que crezcan árboles literarios muy saludables. Gracias por pasarte, Cris.

      Un saludo :)

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  3. Has sido muy valiente. Sigue adelante y nunca dejes de escribir. ¡Exito!

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    1. Muchas gracias por tus palabras de aliento, Eva.

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  4. Veo que empezamos a escribir en serio de la misma forma :) Yo escribía fanfics de Glee (de Faberry), ¿y tú?
    Y tienes toda la razón, acabar algo aunque no sea tu mejor obra es un gran paso para conocerte como escritora y para decirte a ti misma que sí puedes.
    Tengo ganas de conocer a Ray, la esperaré con paciencia :)
    Un saludo ^^

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    1. Yo escribía fanfics sobre cierta serie canadiense, hasta aquí puedo revelar... je, je, je. Espero que puedas conocer a Ray muy pronto, pero ya sabes cómo va esto de la escritura.

      Muchas gracias por pasarte. Cuídate :)

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